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viernes, 23 de noviembre de 2007

Quemando la rabia


Diosa de paseo

La leonada bruja
Baja descalza por la calle desierta
Llevando en sus manos
Improvisadas madrugadas
Que derrocha y dispara
Desde su cabellera hirviente
y dorada
Tenaz y ceñuda
Mira lánguidamente
A quien calzar
Busca un milagro que se imprima
Se perdio en la noche su cetro y su manto
Reliquias inevitables de un perfido juego
Ni el rubor que te agita
Ni el nacar de tu piel
Ni todo lo que encierran tus sinuosas fronteras
Complices de tus excesos
Nada te salva
Huellas presentidas de fatalidad
¿Dónde descansa la diosa cuando vibra su corazon?
¿Quien tiene las llaves de su torcido proceder?
Empieza el final
Prende el caldero para cocinar
Hirviendo se cuece
La rabia brutal
Humedos sus ojos
Se finje real
Respira un poco
Ya no hay nada más

1 comentario:

CAUSEO dijo...

carmen que rico leer tus poemas me encantaron...gracias por tus palabras

un abrazo

Esteban