Quemando la rabia
Diosa de paseo La leonada bruja Baja descalza por la calle desierta Llevando en sus manos Improvisadas madrugadas Que derrocha y dispara Desde su cabellera hirviente y dorada Tenaz y ceñuda Mira lánguidamente A quien calzar Busca un milagro que se imprima Se perdio en la noche su cetro y su manto Reliquias inevitables de un perfido juego Ni el rubor que te agita Ni el nacar de tu piel Ni todo lo que encierran tus sinuosas fronteras Complices de tus excesos Nada te salva Huellas presentidas de fatalidad ¿Dónde descansa la diosa cuando vibra su corazon? ¿Quien tiene las llaves de su torcido proceder? Empieza el final Prende el caldero para cocinar Hirviendo se cuece La rabia brutal Humedos sus ojos Se finje real Respira un poco Ya no hay nada más